Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Viperidae
Género: Vipera
Especie: Vipera latasti Boscá, 1878
Una visita relámpago al espectacular Torcal de Antequera, se saldó con una insolación importante y algunas especies de reptiles interesantes, como este macho de víbora hocicuda (Vipera latasti).
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domingo, 15 de mayo de 2011
jueves, 26 de agosto de 2010
Víbora hocicuda
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Viperidae
Género: Vipera
Especie: Vipera latasti Boscá, 1878
En realidad, la principal defensa de las víboras no es su veneno, sino la cripsis, es decir, su habilidad para confundirse con el entorno. Suelen ser del mismo color que el terreno por el que se mueven, y el diseño disruptivo de su dorso ayuda a disimular su presencia.
Durante miles de años, las personas han matado a toda víbora que veían, por lo que no es de extrañar que las víboras prefieran no ser vistas. De hecho, si han llegado hasta nuestros días ha sido gracias a su capacidad para camuflarse. Es frecuente que grupos de excursionistas pasen andando al lado de una víbora sin percatarse de su presencia. Contrariamente a lo que mucha gente cree, y alguna gente afirma llevada por la imaginación o el afán de protagonismo, las víboras son serpientes muy poco agresivas si no se las molesta.
E incluso molestandolas, sigue siendo mucho más fácil y cómodo fotografiar a una víbora que a una culebra de escalera o a una culebra bastarda, pues estas últimas suelen tener peor genio. Conviene en todo caso guiarse por el sentido común, guardar una distancia de seguridad, y tratar a estos animales con el respeto que merecen. Mejor una foto desde lejos que un desafortunado accidente.
La víbora hocicuda es el ofidio más amenazado de España. Recordemos que el grueso de sus menguadas poblaciones se encuentran en la Península Ibérica, por lo que en nuestras manos está la responsabilidad de conservar esta bella especie.
Orden: Squamata
Familia: Viperidae
Género: Vipera
Especie: Vipera latasti Boscá, 1878
En realidad, la principal defensa de las víboras no es su veneno, sino la cripsis, es decir, su habilidad para confundirse con el entorno. Suelen ser del mismo color que el terreno por el que se mueven, y el diseño disruptivo de su dorso ayuda a disimular su presencia.
Durante miles de años, las personas han matado a toda víbora que veían, por lo que no es de extrañar que las víboras prefieran no ser vistas. De hecho, si han llegado hasta nuestros días ha sido gracias a su capacidad para camuflarse. Es frecuente que grupos de excursionistas pasen andando al lado de una víbora sin percatarse de su presencia. Contrariamente a lo que mucha gente cree, y alguna gente afirma llevada por la imaginación o el afán de protagonismo, las víboras son serpientes muy poco agresivas si no se las molesta.
E incluso molestandolas, sigue siendo mucho más fácil y cómodo fotografiar a una víbora que a una culebra de escalera o a una culebra bastarda, pues estas últimas suelen tener peor genio. Conviene en todo caso guiarse por el sentido común, guardar una distancia de seguridad, y tratar a estos animales con el respeto que merecen. Mejor una foto desde lejos que un desafortunado accidente.
La víbora hocicuda es el ofidio más amenazado de España. Recordemos que el grueso de sus menguadas poblaciones se encuentran en la Península Ibérica, por lo que en nuestras manos está la responsabilidad de conservar esta bella especie.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Víbora hocicuda (Vipera latasti)
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Viperidae
Género: Vipera
Especie: Vipera latasti Boscá, 1878
Hace tiempo que quería tener una de estas preciosidades delante del objetivo de mi cámara. Bajo el fuerte sol de alta montaña (luz muy dura poco apropiada para lograr buenas fotos) y a causa del calor que hacía, el bicho estaba en plenas facultades y hacía alarde de unos reflejos que serían la envidia de Bruce Lee. La mala calidad de la luz y el nerviosismo del reptil, dificultó un poco la sesión fotográfica. Dada la focal que llevaba y la corta distancia de trabajo, decidí no intentar primeros planos más cercanos, porque el animalico no dejaba de bufar y de tirar bocaos al aire en dirección a la cámara como diciendo "tonterías, las justas".
Especie mediterránea de distribución iberomagrebí ampliamente repartida por casi toda la Península Ibérica y una franja en el norte de Africa, desde Marruecos a Túnez, la víbora hocicuda (Vipera latasti) está emparentada con Vipera ammodytes, del mediterráneo oriental y con Vipera monticola, de las montañas del Atlas.
Antaño común y abundante en muchos sitios, en la actualidad es el ofidio ibérico más amenazado. Desde siempre ha sufrido una encarnizada persecución a manos de la ignorancia, la incultura y el miedo, e incluso hoy, que es una especie legalmente protegida, muchos ejemplares mueren a manos de desaprensivos ignorantes que se creen héroes de pacotilla por matar una víbora.
Es fácil distinguirla del resto de ofidios ibéricos. En el siguiente recorte de la cabeza se ven claramente dos carácteres que la hacen completamente inconfundible: el 'cuernecito' del hocico, apéndice nasal dirigido hacia arriba del que recibe el nombre de 'hocicuda' y la pupila vertical como la de los gatos (Vipera aspis, del Pirineo y alrededores, tiene también un principio de apéndice nasal, pero menos pronunciado).
Otros caracteres son más variables o difíciles de distinguir, como el tamaño de las escamas de la parte superior de la cabeza, la forma del cuerpo, generalmente más rechoncho que en las culebras, aunque se ven también víboras bastante esbeltas, o la forma triangular de la cabeza, pues muchas culebras (viperina, escalera...) en posición de defensa ensanchan la cabeza que adquiere forma triangular.
Aunque está presente de forma discontínua en toda Sierra Nevada, no son estas montañas el mejor sitio para ver víboras. Ver una es cuestión de muchas horas pateando monte y de mucha suerte.
De hecho, exceptuando unos pocos rincones aislados y poco frecuentados por la gente, hoy en día es difícil en casi todas España ver una víbora hocicuda. Se ha extinguido de amplias áreas y donde sobrevive, normalmente zonas montañosas y sierras perdidas de la mano de Dios, se cree que sufre una fuerte regresión y una severa fragmentación de las poblaciones.
Las principales amenazas para su supervivencia son la pérdida de hábitat, los incendios, los atropellos, la depredación por el cada vez más omnipresente jabalí, la muerte directa por parte de desaprensivos que no sabe valorar una de las joyas de nuestra fauna, y el expolio de ejemplares para nutrir el mercado ilegal destinado a terrarios de todo el mundo, donde es una especie cotizada.
Orden: Squamata
Familia: Viperidae
Género: Vipera
Especie: Vipera latasti Boscá, 1878
Hace tiempo que quería tener una de estas preciosidades delante del objetivo de mi cámara. Bajo el fuerte sol de alta montaña (luz muy dura poco apropiada para lograr buenas fotos) y a causa del calor que hacía, el bicho estaba en plenas facultades y hacía alarde de unos reflejos que serían la envidia de Bruce Lee. La mala calidad de la luz y el nerviosismo del reptil, dificultó un poco la sesión fotográfica. Dada la focal que llevaba y la corta distancia de trabajo, decidí no intentar primeros planos más cercanos, porque el animalico no dejaba de bufar y de tirar bocaos al aire en dirección a la cámara como diciendo "tonterías, las justas".
Especie mediterránea de distribución iberomagrebí ampliamente repartida por casi toda la Península Ibérica y una franja en el norte de Africa, desde Marruecos a Túnez, la víbora hocicuda (Vipera latasti) está emparentada con Vipera ammodytes, del mediterráneo oriental y con Vipera monticola, de las montañas del Atlas.
Antaño común y abundante en muchos sitios, en la actualidad es el ofidio ibérico más amenazado. Desde siempre ha sufrido una encarnizada persecución a manos de la ignorancia, la incultura y el miedo, e incluso hoy, que es una especie legalmente protegida, muchos ejemplares mueren a manos de desaprensivos ignorantes que se creen héroes de pacotilla por matar una víbora.
Es fácil distinguirla del resto de ofidios ibéricos. En el siguiente recorte de la cabeza se ven claramente dos carácteres que la hacen completamente inconfundible: el 'cuernecito' del hocico, apéndice nasal dirigido hacia arriba del que recibe el nombre de 'hocicuda' y la pupila vertical como la de los gatos (Vipera aspis, del Pirineo y alrededores, tiene también un principio de apéndice nasal, pero menos pronunciado).
Otros caracteres son más variables o difíciles de distinguir, como el tamaño de las escamas de la parte superior de la cabeza, la forma del cuerpo, generalmente más rechoncho que en las culebras, aunque se ven también víboras bastante esbeltas, o la forma triangular de la cabeza, pues muchas culebras (viperina, escalera...) en posición de defensa ensanchan la cabeza que adquiere forma triangular.
Aunque está presente de forma discontínua en toda Sierra Nevada, no son estas montañas el mejor sitio para ver víboras. Ver una es cuestión de muchas horas pateando monte y de mucha suerte.
De hecho, exceptuando unos pocos rincones aislados y poco frecuentados por la gente, hoy en día es difícil en casi todas España ver una víbora hocicuda. Se ha extinguido de amplias áreas y donde sobrevive, normalmente zonas montañosas y sierras perdidas de la mano de Dios, se cree que sufre una fuerte regresión y una severa fragmentación de las poblaciones.
Las principales amenazas para su supervivencia son la pérdida de hábitat, los incendios, los atropellos, la depredación por el cada vez más omnipresente jabalí, la muerte directa por parte de desaprensivos que no sabe valorar una de las joyas de nuestra fauna, y el expolio de ejemplares para nutrir el mercado ilegal destinado a terrarios de todo el mundo, donde es una especie cotizada.
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