A pesar de su aspecto de 'mosca verde' de esas que dan bastante asco a la gente, la Gymnocheta viridis no está emparentada con ellas, siendo su aspecto pura coincidencia (o tal vez evolución convergente). Estas moscas cambian de color con la edad. Son verdes cuando emergen de la crisálida pero se van volviendo doradas primero y color cobre después, tanto más rápidamente cuanto más tiempo pasan tomando el sol. Su color es de tipo estructural y la radiación solar destruye la microestructura de la cutícula quitinosa modificando la longitud de onda de la luz reflejada.
Gymnocheta viridis es abundante en toda Europa. Sus larvas son parasitoides de orugas de lepidópteros de la familia Noctuidae. Los adultos pueden verse en primavera tomando el sol en los troncos de los árboles.
Cuando los modelos colaboran es posible jugar con la luz.
Si nos dedicamos a fotografíar bodegones podemos tener la seguridad de que nuestros modelos se mostrarán colaboradores. No hay excusa para sacar un bodegón mal iluminado.
Con el retrato de personas, la cosa empieza complicarse. Exceptuando el caso de contar con modelos profesionales que posen por dinero, la sesión fotográfica se convierte en una inexorable cuenta atrás antes de que el modelo se aburra y de por terminada la sesión.
Con animales silvestres (e incluso con los domesticados) la cosa se complica del todo. Con las aves o mamíferos fotografiados a través de teleobjetivos o mediante técnicas de digiscoping, la única luz con la que contamos es la natural y el único control para modificar su efecto, es elegir la ubicación adecuada en función de la hora del día y la estación del año.
Con los pequeños insectos, tenemos alguna oportunidad, pero la cosa es complicada. Suelen ser criaturas inquietas, sobre todo cuando hace calor. Es poco probable que una libélula nos permita montar un sistema de flashes y reflectores alrededor de su posadero sin mudarse al tramo de río vecino.
Y ni siquiera es necesario asustar al insecto para que se vaya. En ocasiones tras una lenta aproximación reptando por el suelo sobre los cardos, el protagonista de la foto decide a buscar alguna flor donde desayunar, o ve pasar volando lo que podría ser una hembra o un potencial macho rival y sale disparado a perseguirlo.
Muchas veces, aproximarse lo suficiente sin asustar al modelo ya es una tarea delicada, conseguir enfocar un reto, moverse entorno al sujeto buscando un fondo más limpio una odisea. Mucho más complicado colocar el flash en una u otra posición buscando una iluminación más dramática, sin alarmar al insecto.
Sin embargo, simplemente el hecho de iluminar al modelo con el flash desde arriba, lateralmente, o desde abajo, puede dar como resultado fotos completamente diferentes. En esta foto, aprovechando que la mosca Gonia estaba absorta sorbiendo lo que fuera de mi mochila, la iluminé colocando el flash un poco más bajo que la cámara, de modo que el punto de vista es un poco desde arriba, pero el flash la ilumina lateralmente. La idea era conseguir una foto menos plana y el resultado me gusta, aunque las posibilidades van mucho más allá. Siempre que los modelos colaboren, claro.
El díptero taquínido Gonia picea es una mosca con una enorme cabeza. Habita en toda Europa. Sus larvas son parasitoides de las orugas de mariposas nocturnas. En esta época son abundantísimas en un pinar cercano en el que por cierto hay grandes cantidades de procesionaria (Traumatocampa pityocampa). Me pregunto si Gonia parasita a esta terrible plaga, lo que la convertiría en sumamente beneficiosa y explicaría su abundancia en la zona.
Pensé que eran muy amigables y venían a saludarme, pero no, sólo estaban interesadas en las sales minerales del sudor que había dejado en la mochila tras la larga caminata por el bosque...
En la segunda foto (hacer clic sobre la imagen para ampliar) se observa un curioso efecto en el ojo del insecto. Aparecen una especie de líneas azules con diseño un tanto cibernético de misterioso origen. Pienso que puede ser algún tipo de efecto moiré (muaré, que pronunciarían los franceses) provocado por las diminutas lentes que forman la superficie del ojo compuesto, o tal vez un patrón de interferencia creado por la luz del flash debido a la difracción en tales lentes...
Las moscas de la familia Tachinidae son dificiles de identificar. La de la foto es un macho de alguna especie del la tribu Dexiini, y tal vez pertenece al género Estheria.
La foto corresponde a un taquínido perteneciente al confuso género Tachina. Se trata probablemente de T. magnicornis, pero en el sur de Europa existen varias especies muy parecidas y difíciles de diferenciar.
Ver el artículo "Taquínido", para leer una descripción del peculiar ciclo biológico de estos insectos.
Los taquínidos son una familia de moscas con cientos de especies en Europa sólo identificables por especialistas. Las larvas son parasitoides de otros insectos, principalmente orugas de lepidopteros. Los parasitoides se diferencian de los verdaderos parásitos en que matan a su huesped.
Las larvas de taquínidos se desarrollan en el interior de otros insectos, comiendo primero los tejidos no vitales de su huesped, que vive una vida normal a no ser por el detalle de que una larva se lo está comiendo vivo desde dentro. Cuando la larva parasitoide ha completado su desarrollo, se termina de comer el interior de su huesped y sale al exterior, cual Alien en miniatura, para pupar en el suelo. El huesped termina muerto y vacío.
Otros insectos parasitoides son los dípteros de la familia Bombyliidae, y muchas familias de pequeños himenópteros. En ocasiones ocurre que un parasitoide se desarrolla en el interior de otra larva parasitoide, que a su vez se desarrolla dentro de una tercera larva. Esta macabra versión de las muñecas rusas se denomina hyperparasitismo, y puede darse con más de tres niveles.
En la foto un taquínido de la tribu Tachinini, posiblemente del género Peleteria según la opinión con algunas dudas de los expertos dipterólogos del foro de diptera.info, fotografiado en el Parque Natural de la Sierra de Huetor.