Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
La culebra de escalera (Rhinechis scalaris) sigue siendo relativamente abundante en algunas zonas, aunque los expertos sospechan que sus poblaciones están disminuyendo. Es una de las especies de culebra que veo con más frecuencia, pero en el 95% de las veces, se trata de ejemplares atropellados en alguna carretera.
Por eso me da una gran alegría cuando veo una culebra de escalera viva y con aspecto saludable buscando nidos de pajarillos por los árboles haciendo alarde de un equilibrio de funambulista profesional. Supongo que a los polluelos del nido no les dará la misma alegría ver llegar a la culebra, pero así es la vida.
La culebra de escalera fué descrita por Schinz en 1822 bajo el nombre de Coluber scalaris, aunque durante mucho tiempo ha sido conocida como Elaphe scalaris, nombre con el que aparece en la mayoría de las publicaciones y libros.
Independientemente del género en el que los zoologos la incluyan, lo de la escalera se debe al dibujo dorsal que presentan los ejemplares jóvenes y que consiste en dos lineas negras laterales que recorren toda la longitud del animal unidas por líneas negras transversales, lo que recuerda a una escalera de mano. Curiosamente, las recién nacidas tienen las líneas laterales discontinuas, por lo que no presentan la escalera, sino más bien una sucesión de marcas con forma de "H", y los adultos pierden los travesaños al alcanzar la madurez sexual (lo que ocurre hacia los 3 años de edad), quedando únicamente las dos líneas longitudinales dorsolaterales, lo que le valió que también fuera bautizada como Coluber bilineatus.
Se trata de una serpiente ágil y con fama de mal carácter, que puede alcanzar los 140 cm de longitud total, aunque excepcionalmente se han documentado ejemplares de 160 cm. Presenta dimorfismo sexual, siendo las hembras más grandes y robustas y con la cola más corta que los machos. La coloración es muy variable, encontrándose ejemplares de color marrón, marrón anaranjado, amarillento, gris... En la cabeza presenta una banda oblicua negra que va desde el ojo hasta la comisura de la boca, y una banda negra vertical bajo el ojo, entre las escamas supralabiales 4ª y 5ª. Opcionalmente puede presentar manchas negras en otras labiales. La escama rostral es grande y se prolonga bastante hacia atrás insertandose profundamente entre las internasales, recordando al género americano Pituophis.
Su área de distribución (ibero-occitana) incluye la mayor parte de la Península Ibérica (evitando el norte más húmedo y frío y los Pirineos), y una pequeña área en el sureste de Francia, llegando a penetrar tímidamente en Italia. Introducida en la isla de Menorca. Es más abundante en el piso mesomediterráneo, aunque está presente desde el nivel del mar hasta los 2100 metros de altitud.
Y por supuesto, se trata de una culebra completamente inofensiva que no posee veneno, lo que no significa que si la cogemos con la mano (para apartarlas de las carreteras, sacarlas de pozos, balsas y trampas similares, o salvarlas de energúmenos culebricidas) no nos pueda morder y hacernos, los ejemplares más grandes, un poco de sangre. Nada que no se cure con un poco de 'mercromina'.
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domingo, 13 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Serpientes en España: Mitos, Leyendas y Realidades
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Todas las culebras son peligrosas
Al contrario, en España casi todas las culebras son inofensivas. En la Península Ibérica las únicas serpientes cuya mordedura representa cierto riesgo para la salud son las tres especies del género Vipera, conocidas como víboras. Las víboras ibéricas son poco peligrosas comparadas con vipéridos de otras regiones, pero igualmente su mordedura es una amarga experiencia y puede suponer un riesgo para la vida de niños pequeños o de personas especialmente sensibles o que desarrollen reacciones alérgicas al veneno.
Por otro lado, las serpientes, incluidas las víboras, huyen ante la presencia de las personas. Solo si se las acosa o molesta reaccionan algunas especies de forma agresiva. Las historias de gente que supuestamente ha sido atacada y perseguida por serpientes son fruto del miedo o afán de protagonismo.
Dejando aparte a las víboras, la mordedura de una culebra hace mucho menos daño que la de, por ejemplo, un gato. Sin embargo se ven pocas personas huir despavoridas ante la presencia de un gato a pesar de ser un animal, como digo, mucho más peligroso.
Las culebras pueden hipnotizar con la mirada, paralizando a su víctima
Falso. Se cuentan historias de pájaros que vuelan en circulo hasta caer en la boca de una serpiente, o bien pájaros que paralizados por el miedo no aciertan a escapar ante la penetrante mirada del ofidio*, o la típica del pastor (o cazador según versiones) que está como ensimismado y no atiende a las llamadas de su amigo, que al acercarse descubre horrorizado cómo una gran culebra lo tiene hipnotizado. Todas esas historias están bien para contarlas por la noche a la luz de la hoguera, pero son completamente falsas. Las culebras no poseen ningún superpoder, ni en la mirada ni en ninguna otra parte. Al carecer de párpados, al igual que las salamanquesas, no pueden cerrar lo ojos, por lo que da la impresión de que miran fijamente, pero es una impresión subjetiva del observador.
*) algunos pájaros pueden dar saltos y fingir que no pueden volar frente a un depredador para atraerlo hacia sí y alejarlo del nido.
Las culebras chupan la leche de las vacas/ovejas/cabras
Falso. Todos los ofidios ibéricos son depredadores y se alimentan de pequeños animales, dependiendo de la especie, como ratones y pajarillos (Rhinechis, Hemorrhois, Malpolon, Vipera), reptiles (Coronella, Macroprotodon), anfibios o peces (Natrix).
Durante la noche, las culebras chupan la leche de las mujeres dormidas que amamantan a su hijo metiendo su cola en la boca del bebé a modo de chupete para que el niño no llore.
¿De verdad es necesario decirlo? Falso. Falso. Falso. Más falso que un billete con la cara de Espinete. Pero hay que reconocer que el que se le ocurrió esta historia tenía imaginación. Es increíble lo extendida que está esta leyenda, pero más increíble aún la cantidad de gente que en pleno siglo XXI la da por cierta o al menos por posible, lo que demuestra el tremendo desconocimiento que sobre estos animales tiene la población en general.
Las culebras clavan la cabeza en el suelo y azotan con la cola a la gente
Falso. Y dependiendo del tipo de suelo, del todo imposible, por ejemplo si es de cemento. Es posible que al intentar coger a una culebra grande te puedas llevar un coletazo en la cara, probablemente fortuito y debido a los movimientos del animal al tratar de escapar, más que a una intencionalidad de golpear con la cola.
¿Qué es el "saetón" de Sierra Morena?
Animal mitológico que supuestamente habitaría algunas sierras andaluzas, cuyo aspecto y superpoderes varían mucho de unas historias a otras, pero que básicamente es una gran serpiente, muy venenosa, que vuela y ataca a las caballerías. La herpetofauna ibérica está muy estudiada como para que a los herpetólogos 'se les haya pasado' una serpiente de dos metros que vuela. No existe tal cosa. Probablemente en el origen de estas historias esté la observación de alguna culebra bastarda grande descolgándose de un árbol o un exceso de alcohol en sangre.
¿Qué es el "alicante"?
Animal del folclore popular muy venenoso en cuya descripción nadie se pone de acuerdo, aunque lo suelen describir como algún tipo de serpiente.
Las culebras escupen veneno
Falso. Ningún ofidio ibérico escupe nada, ni veneno ni saliva. Aunque existen algunos elápidos de otras regiones del mundo que sí pueden lanzar chorritos de veneno a los ojos de sus atacantes.
Las culebras pican con la lengua
Falso. La lengua bífida la utilizan para oler. Cuando una culebra saca y agita la lengua lo único que está haciendo es olfatear el aire o el suelo. La lengua es blandita y completamente inofensiva.
Estas son algunas leyendas muy populares, pero la lista podría ser larguísima, pues pocos animales despiertan tanto la imaginación de la gente, y arrastran tantas supersticiones y calumnias como las pobres culebras, que a fin de cuentas no son otra cosa que lagartos sin patas. Quien conozca otras historias y quiera compartirlas, es libre de hacerlo en los comentarios.
La realidad es que las culebras son animales de carne y hueso, sin poderes sobrenaturales o intenciones malignas, que cumplen un importante papel en el equilibrio de nuestros ecosistemas, actuando como depredadores de pequeños animales, como los roedores, y siendo a su vez presas de muchos otros animales, que en la actualidad están sufriendo la transformación del medio y la consecuente pérdida de hábitats favorables, los atropellos masivos en carreteras y la incomprensión de la gente. Si vemos una culebra lo único que debemos hacer es dejarla en paz. Incluso las víboras son completamente inofensivas si no las molestamos (siempre cabe la posibilidad de no verla, pero entonces es un accidente, similar a pisar un clavo, y no una maldad intrínseca del animal).
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Todas las culebras son peligrosas
Al contrario, en España casi todas las culebras son inofensivas. En la Península Ibérica las únicas serpientes cuya mordedura representa cierto riesgo para la salud son las tres especies del género Vipera, conocidas como víboras. Las víboras ibéricas son poco peligrosas comparadas con vipéridos de otras regiones, pero igualmente su mordedura es una amarga experiencia y puede suponer un riesgo para la vida de niños pequeños o de personas especialmente sensibles o que desarrollen reacciones alérgicas al veneno.
Por otro lado, las serpientes, incluidas las víboras, huyen ante la presencia de las personas. Solo si se las acosa o molesta reaccionan algunas especies de forma agresiva. Las historias de gente que supuestamente ha sido atacada y perseguida por serpientes son fruto del miedo o afán de protagonismo.
Dejando aparte a las víboras, la mordedura de una culebra hace mucho menos daño que la de, por ejemplo, un gato. Sin embargo se ven pocas personas huir despavoridas ante la presencia de un gato a pesar de ser un animal, como digo, mucho más peligroso.
Las culebras pueden hipnotizar con la mirada, paralizando a su víctima
Falso. Se cuentan historias de pájaros que vuelan en circulo hasta caer en la boca de una serpiente, o bien pájaros que paralizados por el miedo no aciertan a escapar ante la penetrante mirada del ofidio*, o la típica del pastor (o cazador según versiones) que está como ensimismado y no atiende a las llamadas de su amigo, que al acercarse descubre horrorizado cómo una gran culebra lo tiene hipnotizado. Todas esas historias están bien para contarlas por la noche a la luz de la hoguera, pero son completamente falsas. Las culebras no poseen ningún superpoder, ni en la mirada ni en ninguna otra parte. Al carecer de párpados, al igual que las salamanquesas, no pueden cerrar lo ojos, por lo que da la impresión de que miran fijamente, pero es una impresión subjetiva del observador.
*) algunos pájaros pueden dar saltos y fingir que no pueden volar frente a un depredador para atraerlo hacia sí y alejarlo del nido.
Las culebras chupan la leche de las vacas/ovejas/cabras
Falso. Todos los ofidios ibéricos son depredadores y se alimentan de pequeños animales, dependiendo de la especie, como ratones y pajarillos (Rhinechis, Hemorrhois, Malpolon, Vipera), reptiles (Coronella, Macroprotodon), anfibios o peces (Natrix).
Durante la noche, las culebras chupan la leche de las mujeres dormidas que amamantan a su hijo metiendo su cola en la boca del bebé a modo de chupete para que el niño no llore.
¿De verdad es necesario decirlo? Falso. Falso. Falso. Más falso que un billete con la cara de Espinete. Pero hay que reconocer que el que se le ocurrió esta historia tenía imaginación. Es increíble lo extendida que está esta leyenda, pero más increíble aún la cantidad de gente que en pleno siglo XXI la da por cierta o al menos por posible, lo que demuestra el tremendo desconocimiento que sobre estos animales tiene la población en general.
Las culebras clavan la cabeza en el suelo y azotan con la cola a la gente
Falso. Y dependiendo del tipo de suelo, del todo imposible, por ejemplo si es de cemento. Es posible que al intentar coger a una culebra grande te puedas llevar un coletazo en la cara, probablemente fortuito y debido a los movimientos del animal al tratar de escapar, más que a una intencionalidad de golpear con la cola.
¿Qué es el "saetón" de Sierra Morena?
Animal mitológico que supuestamente habitaría algunas sierras andaluzas, cuyo aspecto y superpoderes varían mucho de unas historias a otras, pero que básicamente es una gran serpiente, muy venenosa, que vuela y ataca a las caballerías. La herpetofauna ibérica está muy estudiada como para que a los herpetólogos 'se les haya pasado' una serpiente de dos metros que vuela. No existe tal cosa. Probablemente en el origen de estas historias esté la observación de alguna culebra bastarda grande descolgándose de un árbol o un exceso de alcohol en sangre.
¿Qué es el "alicante"?
Animal del folclore popular muy venenoso en cuya descripción nadie se pone de acuerdo, aunque lo suelen describir como algún tipo de serpiente.
Las culebras escupen veneno
Falso. Ningún ofidio ibérico escupe nada, ni veneno ni saliva. Aunque existen algunos elápidos de otras regiones del mundo que sí pueden lanzar chorritos de veneno a los ojos de sus atacantes.
Las culebras pican con la lengua
Falso. La lengua bífida la utilizan para oler. Cuando una culebra saca y agita la lengua lo único que está haciendo es olfatear el aire o el suelo. La lengua es blandita y completamente inofensiva.
Estas son algunas leyendas muy populares, pero la lista podría ser larguísima, pues pocos animales despiertan tanto la imaginación de la gente, y arrastran tantas supersticiones y calumnias como las pobres culebras, que a fin de cuentas no son otra cosa que lagartos sin patas. Quien conozca otras historias y quiera compartirlas, es libre de hacerlo en los comentarios.
La realidad es que las culebras son animales de carne y hueso, sin poderes sobrenaturales o intenciones malignas, que cumplen un importante papel en el equilibrio de nuestros ecosistemas, actuando como depredadores de pequeños animales, como los roedores, y siendo a su vez presas de muchos otros animales, que en la actualidad están sufriendo la transformación del medio y la consecuente pérdida de hábitats favorables, los atropellos masivos en carreteras y la incomprensión de la gente. Si vemos una culebra lo único que debemos hacer es dejarla en paz. Incluso las víboras son completamente inofensivas si no las molestamos (siempre cabe la posibilidad de no verla, pero entonces es un accidente, similar a pisar un clavo, y no una maldad intrínseca del animal).
sábado, 11 de diciembre de 2010
Autorretrato en la pupila de una serpiente
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
De los creadores de "Autorretrato en los ojos sin pupila de una araña" (aunque aquí se estrenó con otro título), llega a sus pantallas planas otro autorretrato ocular involuntario.

Recorte ampliado del ojo.
Por lo demás, las serpientes son como las vacas, es difícil saber lo que piensan mirandoles a los ojos...
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
De los creadores de "Autorretrato en los ojos sin pupila de una araña" (aunque aquí se estrenó con otro título), llega a sus pantallas planas otro autorretrato ocular involuntario.

Recorte ampliado del ojo.
Por lo demás, las serpientes son como las vacas, es difícil saber lo que piensan mirandoles a los ojos...
lunes, 8 de noviembre de 2010
El árbol del conocimiento
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Paseaba yo el otro día por un bucólico paraje, que bien podría ser el jardín del Edén, absorto en mis pensamientos...
— psst, psst —escuché tras de mí— oye, amigo.
La voz era más bien un susurro y se me antojó extranjera, porque parecía sesear en todas las sílabas. Me volví pero no ví a nadie.
— Aquí, en el manzano.
Entonces la ví, una gran serpiente que se andaba, literalmente, por las ramas.
— Perdona —le dije— pero eso no es un manzano, parece más bien un almendro o un ciruelo ya muerto.
— No importa, —dijo la serpiente— solo quiero charlar un rato.
— Paso, la Biblia dice que eres una criatura embaucadora y pérfida que tratas de llevar a las buenas gentes por el mal camino. Además, según relata, tú tienes la culpa de gran parte de las desgracias que sufre la humanidad. Por tu culpa la gente tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente, desperdiciando su vida entre las paredes de una oficina o haciendo cosas incluso peores. No debe extrañarte que te odien tanto. La Biblia dice que eres malvada.
— Todo eso son calumnias. Yo era una divinidad ya antigua 3000 años antes de que se oyera hablar por primera vez del tal Jesucristo. Los antiguos me consideraban una deidad protectora, relacionada con la tierra, la fecundidad, la sabiduría y el renacer. Tenía templos dedicados a mí a lo largo y ancho del mundo, donde los enfermos sanaban y los adivinos veían el futuro. Por eso estas religiones monoteistas recientes, que adoran a dioses advenedizos recien creados por las mentes de los hombres hace apenas unos miles de años, me consideraron el enemigo a vencer, paganismo lo llamaban ellos, y crearon toda esa mala prensa que desde entonces me ha perseguido. Fue porque yo era la competencia.
— No me creo una palabra.
— Como quieras, pero yo serpenteaba ya hace 95 millones de años entre las patas de los dinosaurios, y lo seguiré haciendo sobre las ruinas de las ciudades humanas, miles de años después de que la humanidad se haya extinguido.
— Eso será si no te atropellan cruzando una carretera.
Aquel comentario pareció no gustarle. Comenzó a inspirar aire hasta hinchar visiblemente su larguirucho cuerpo y lo expelió lentamente pero con fuerza, produciendo un sonido que a mi me pareció un largo suspiro.
Después desapareció, descendiendo del árbol con una agilidad y elegancia inesperadas.
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Paseaba yo el otro día por un bucólico paraje, que bien podría ser el jardín del Edén, absorto en mis pensamientos...
— psst, psst —escuché tras de mí— oye, amigo.
La voz era más bien un susurro y se me antojó extranjera, porque parecía sesear en todas las sílabas. Me volví pero no ví a nadie.
— Aquí, en el manzano.
Entonces la ví, una gran serpiente que se andaba, literalmente, por las ramas.
— Perdona —le dije— pero eso no es un manzano, parece más bien un almendro o un ciruelo ya muerto.
— No importa, —dijo la serpiente— solo quiero charlar un rato.
— Paso, la Biblia dice que eres una criatura embaucadora y pérfida que tratas de llevar a las buenas gentes por el mal camino. Además, según relata, tú tienes la culpa de gran parte de las desgracias que sufre la humanidad. Por tu culpa la gente tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente, desperdiciando su vida entre las paredes de una oficina o haciendo cosas incluso peores. No debe extrañarte que te odien tanto. La Biblia dice que eres malvada.
— Todo eso son calumnias. Yo era una divinidad ya antigua 3000 años antes de que se oyera hablar por primera vez del tal Jesucristo. Los antiguos me consideraban una deidad protectora, relacionada con la tierra, la fecundidad, la sabiduría y el renacer. Tenía templos dedicados a mí a lo largo y ancho del mundo, donde los enfermos sanaban y los adivinos veían el futuro. Por eso estas religiones monoteistas recientes, que adoran a dioses advenedizos recien creados por las mentes de los hombres hace apenas unos miles de años, me consideraron el enemigo a vencer, paganismo lo llamaban ellos, y crearon toda esa mala prensa que desde entonces me ha perseguido. Fue porque yo era la competencia.
— No me creo una palabra.
— Como quieras, pero yo serpenteaba ya hace 95 millones de años entre las patas de los dinosaurios, y lo seguiré haciendo sobre las ruinas de las ciudades humanas, miles de años después de que la humanidad se haya extinguido.
— Eso será si no te atropellan cruzando una carretera.
Aquel comentario pareció no gustarle. Comenzó a inspirar aire hasta hinchar visiblemente su larguirucho cuerpo y lo expelió lentamente pero con fuerza, produciendo un sonido que a mi me pareció un largo suspiro.
Después desapareció, descendiendo del árbol con una agilidad y elegancia inesperadas.
domingo, 25 de julio de 2010
Rhinechis scalaris: La escalera indómita
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Esta entrada es la continuación de "Rhinechis scalaris: La escalera dócil".
El patrón de manchas disruptivas que presentan en la cabeza las jóvenes escaleras es diferente en cada ejemplar, como si de una huella dactilar se tratara. Lo digo por si algún mal pensado cree que la serpiente de esta foto es la misma que la de la foto de la entrada anterior. Un rápido examen de las manchas negras de las supralabiales 1, 2 y 3 nos despeja cualquier duda: son dos serpientes distintas.
Esta estaba a poca distancia de la otra, y con toda probabilidad era su hermana o hermano (si distinguir el sexo en las serpientes adultas es complicado, en los juveniles se me antoja imposible).
Mismo tamaño, misma localidad, misma temperatura, y sin embargo, un comportamiento completamente diferente. Si la primera era una criatura tranquila y dócil, que posó para la sesión fotográfica como si lo hiciera todos los días, la segunda resultó ser un bicho con un carácter endiablado. Silbaba como una tetera en ebullición, arqueaba y levantaba la parte anterior de su cuerpo como si fuese un peligroso crotálido americano en lugar de una inofensiva culebra mediterránea, y no cesaba de lanzar rapidísimos mordiscos en dirección a la cámara. Lo más sorprendente de todo es que no se limitaba a mantener una actitud digamos 'defensiva', sino que avanzaba decidida hacia el enemigo (cámara y fotógrafo) en un ataque con muy pocas probabilidades de victoria.
Fotografiar a este pequeño demonio fue un infierno. Todo el rato se venía hacia la cámara saliéndose de foco y si ponía mi mano frente a ella para frenar su avance, no conseguía más que enfurecerla todavía más y recibir una rápida sucesión de mordiscos.
En realidad, este es un ofidio aglifo que carece de veneno y de dientes inoculadores, totalmente inofensivo para cualquiera más grande que un ratón, un pajarillo o un gazapo pequeño. Por tanto, su comportamiento es una actuación teatral que intenta impresionar a su atacante. Vamos, lo que en póker se llama un farol. Los depredadores están acostumbrados a que sus presas huyan y ellos tengan que perseguirlas. Cuando la supuesta presa se encara, bufa, resopla, adopta posturas amenazantes y se va a por su atacante lanzando mordiscos al aire, el depredador queda perplejo y empieza a dudar de si ha elegido a la víctima adecuada.
Esto ha debido salvar la vida a muchas escaleras, pero también ha contribuido a crear en la imaginación de la gente la idea de que las culebras son animales feroces y peligrosos, que persiguen a pastores y voluntarios de Protección Civil por los montes, intentando devorarlos. El miedo, la ignorancia y la fantasía hacen el resto.
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Esta entrada es la continuación de "Rhinechis scalaris: La escalera dócil".
El patrón de manchas disruptivas que presentan en la cabeza las jóvenes escaleras es diferente en cada ejemplar, como si de una huella dactilar se tratara. Lo digo por si algún mal pensado cree que la serpiente de esta foto es la misma que la de la foto de la entrada anterior. Un rápido examen de las manchas negras de las supralabiales 1, 2 y 3 nos despeja cualquier duda: son dos serpientes distintas.
Esta estaba a poca distancia de la otra, y con toda probabilidad era su hermana o hermano (si distinguir el sexo en las serpientes adultas es complicado, en los juveniles se me antoja imposible).
Mismo tamaño, misma localidad, misma temperatura, y sin embargo, un comportamiento completamente diferente. Si la primera era una criatura tranquila y dócil, que posó para la sesión fotográfica como si lo hiciera todos los días, la segunda resultó ser un bicho con un carácter endiablado. Silbaba como una tetera en ebullición, arqueaba y levantaba la parte anterior de su cuerpo como si fuese un peligroso crotálido americano en lugar de una inofensiva culebra mediterránea, y no cesaba de lanzar rapidísimos mordiscos en dirección a la cámara. Lo más sorprendente de todo es que no se limitaba a mantener una actitud digamos 'defensiva', sino que avanzaba decidida hacia el enemigo (cámara y fotógrafo) en un ataque con muy pocas probabilidades de victoria.
Fotografiar a este pequeño demonio fue un infierno. Todo el rato se venía hacia la cámara saliéndose de foco y si ponía mi mano frente a ella para frenar su avance, no conseguía más que enfurecerla todavía más y recibir una rápida sucesión de mordiscos.
En realidad, este es un ofidio aglifo que carece de veneno y de dientes inoculadores, totalmente inofensivo para cualquiera más grande que un ratón, un pajarillo o un gazapo pequeño. Por tanto, su comportamiento es una actuación teatral que intenta impresionar a su atacante. Vamos, lo que en póker se llama un farol. Los depredadores están acostumbrados a que sus presas huyan y ellos tengan que perseguirlas. Cuando la supuesta presa se encara, bufa, resopla, adopta posturas amenazantes y se va a por su atacante lanzando mordiscos al aire, el depredador queda perplejo y empieza a dudar de si ha elegido a la víctima adecuada.
Esto ha debido salvar la vida a muchas escaleras, pero también ha contribuido a crear en la imaginación de la gente la idea de que las culebras son animales feroces y peligrosos, que persiguen a pastores y voluntarios de Protección Civil por los montes, intentando devorarlos. El miedo, la ignorancia y la fantasía hacen el resto.
jueves, 17 de junio de 2010
Rhinechis scalaris: La escalera dócil
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Esta primavera estoy viendo un número inusualmente alto de ofidios. Sospecho que las generosas lluvias de estos dos últimos años han favorecido el éxito reproductivo de anfibios y roedores, y con un año de retardo, la abundancia de presas ha hecho que también los ofidios se reproduzcan más y los juveniles tengan mayores tasas de supervivencia.
La culebra de escalera, animal totalmente inofensivo si uno no es un ratón o un pequeño pajarillo, tiene sin embargo un carácter que no ayuda demasiado a refutar la mala prensa compartida con el resto de culebras. La verdad es que suele tener muy mal carácter.
Los ofidios ibéricos se clasifican, atendiendo a su dentición, en tres categorías:
aglifos: sin dientes inoculadores ni glándulas productoras de veneno. Totalmente inofensivos para el ser humano.
opistoglifos: poseen glándulas productoras de veneno conectadas a dientes inoculadores primitivos, acanalados y fijos, en la parte media de la mandíbula, en una posición bastante retrasada, lo que dificulta que puedan clavarlos al morder. Las dos especies ibéricas son inofensivas para el ser humano dada la baja toxicidad de su veneno.
solenoglifos: glándulas productoras de veneno conectadas a dientes inoculadores muy sofisticados, huecos y artículados, situados en la parte anterior de la boca. Están en este grupo las tres especies de víboras ibéricas. Son las únicas cuya mordedura puede tener importancia médica.
En muchos sitios se puede leer: "ofidios aglifos: son los que no tienen dientes".
No, no. Que no tienen dientes inoculadores de veneno, dientes sí que tienen. Lo que pasa es que en nuestras culebras aglifas (como la culebra de escalera) sus dientes son pequeños y la fuerza de sus mandíbulas no muy grande, por lo que el mordisco es bastante inocuo, pero si la culebra es grande puede llegar a hacer sangre.
Hay algunas especies, como las del género Natrix, que son extremadamente dóciles y pacíficas, vaya usted a saber por qué, y se las puede coger tranquilamente con la mano, que nunca tratan de morder.
Pero otras, si se ven acorraladas (si no, siempre tratarán de huir) o se las coge con la mano, pueden comportarse de forma bastante agresiva. Quizá una de las especies con peor carácter sea la culebra de escalera.
Sin embargo, el juvenil de laprimera fotografía mostró un comportamiento ejemplar. No solo no intentó morderme, sino que ni siquiera daba muestras de estar asustada, y no desplegó ninguno de los teatrales comportamientos característicos de esta especie. Ni bufidos, ni silbidos, ni mordiscos, ni posturas amenazantes... Se deslizaba con despreocupación frente a la cámara olisqueando curiosa con su lengua bífida de color negro y posaba maquillada con las vistosas marcas negras estilo Marine Disruptive Pattern.
A poca distancia apareció un segundo juvenil de escalera, con toda seguridad hermano de este, pero que mostró un comportamiento completamente diferente. Lo contaré en otra entrada.
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris (Schinz, 1822)
Esta primavera estoy viendo un número inusualmente alto de ofidios. Sospecho que las generosas lluvias de estos dos últimos años han favorecido el éxito reproductivo de anfibios y roedores, y con un año de retardo, la abundancia de presas ha hecho que también los ofidios se reproduzcan más y los juveniles tengan mayores tasas de supervivencia.
La culebra de escalera, animal totalmente inofensivo si uno no es un ratón o un pequeño pajarillo, tiene sin embargo un carácter que no ayuda demasiado a refutar la mala prensa compartida con el resto de culebras. La verdad es que suele tener muy mal carácter.
Los ofidios ibéricos se clasifican, atendiendo a su dentición, en tres categorías:
aglifos: sin dientes inoculadores ni glándulas productoras de veneno. Totalmente inofensivos para el ser humano.
opistoglifos: poseen glándulas productoras de veneno conectadas a dientes inoculadores primitivos, acanalados y fijos, en la parte media de la mandíbula, en una posición bastante retrasada, lo que dificulta que puedan clavarlos al morder. Las dos especies ibéricas son inofensivas para el ser humano dada la baja toxicidad de su veneno.
solenoglifos: glándulas productoras de veneno conectadas a dientes inoculadores muy sofisticados, huecos y artículados, situados en la parte anterior de la boca. Están en este grupo las tres especies de víboras ibéricas. Son las únicas cuya mordedura puede tener importancia médica.
En muchos sitios se puede leer: "ofidios aglifos: son los que no tienen dientes".
No, no. Que no tienen dientes inoculadores de veneno, dientes sí que tienen. Lo que pasa es que en nuestras culebras aglifas (como la culebra de escalera) sus dientes son pequeños y la fuerza de sus mandíbulas no muy grande, por lo que el mordisco es bastante inocuo, pero si la culebra es grande puede llegar a hacer sangre.
Hay algunas especies, como las del género Natrix, que son extremadamente dóciles y pacíficas, vaya usted a saber por qué, y se las puede coger tranquilamente con la mano, que nunca tratan de morder.
Pero otras, si se ven acorraladas (si no, siempre tratarán de huir) o se las coge con la mano, pueden comportarse de forma bastante agresiva. Quizá una de las especies con peor carácter sea la culebra de escalera.
Sin embargo, el juvenil de la
A poca distancia apareció un segundo juvenil de escalera, con toda seguridad hermano de este, pero que mostró un comportamiento completamente diferente. Lo contaré en otra entrada.
jueves, 6 de mayo de 2010
DOR
Clase: Reptilia
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris Schinz, 1822
Si alguien echa un rato en algún foro o web sobre herpetología y se fija en la citas que la gente publica, verá que en muchas de las citas (en la mayoría de hecho) figuran las siglas "DOR".
DOR significa "Dead On Road", en cristiano "Muerto en una carretera", osea, atropellado.
Si las carreteras suponen una continuada y silenciosa masacre para la fauna en general, los reptiles se llevan una de las peores partes, y dentro de los reptiles, las culebras sufren una auténtica escabechina.
Es triste, pero he visto muchas más culebras de escalera ahogadas en balsas o atropelladas en carreteras que vivas.
Las culebras ibéricas, inofensivos y discriminados animales, nos resulten más o menos simpáticas, son un elemento fundamental de los ecosistemas mediterráneos, depredando y ejerciendo control sobre las poblaciones de micromamíferos (sí, como los topillos que periódicamente asolan los cultivos) y siendo a su vez, presas de multitud de depredadores, como la amenazadísima águila culebrera.
El sol calienta el asfalto de las carreteras y las serpientes encuentran este asfalto un lugar perfecto para asolearse. No se trata solo de cruzar la carretera para llegar al otro lado, muchas culebras se tienden estiradas en toda su longitud y por alguna razón nefasta normalmente atravesadas en las carreteras para tomar el sol sobre una superficie calentita, y se quedan allí inmóviles hasta que llega algún coche, moto o bicicleta y les pasa por encima.
El problema no tiene una solución sencilla, pero que la gente circulara con una velocidad moderada por carreteras secundarias propensas a los atropellos de ofidios, y esquivara, o si la situación y el tráfico lo permiten sin riesgo, pararan y apartaran a estos animales de la calzada, ayudaría a disminuir las bajas. Por desgracia la población en general no está sensibilizada con este problema, y en el caso de los ofidios, que no gozan precisamente de popularidad entre la mayoría de la gente, todavía menos. Además, resulta fácil ver a un gato o un conejo que cruza la carretera, pero las serpientes a veces no las ves hasta que ya no hay tiempo de frenar...
Orden: Squamata
Familia: Colubridae
Género: Rhinechis
Especie: Rhinechis scalaris Schinz, 1822
Si alguien echa un rato en algún foro o web sobre herpetología y se fija en la citas que la gente publica, verá que en muchas de las citas (en la mayoría de hecho) figuran las siglas "DOR".
DOR significa "Dead On Road", en cristiano "Muerto en una carretera", osea, atropellado.
Si las carreteras suponen una continuada y silenciosa masacre para la fauna en general, los reptiles se llevan una de las peores partes, y dentro de los reptiles, las culebras sufren una auténtica escabechina.
Es triste, pero he visto muchas más culebras de escalera ahogadas en balsas o atropelladas en carreteras que vivas.
Las culebras ibéricas, inofensivos y discriminados animales, nos resulten más o menos simpáticas, son un elemento fundamental de los ecosistemas mediterráneos, depredando y ejerciendo control sobre las poblaciones de micromamíferos (sí, como los topillos que periódicamente asolan los cultivos) y siendo a su vez, presas de multitud de depredadores, como la amenazadísima águila culebrera.
El sol calienta el asfalto de las carreteras y las serpientes encuentran este asfalto un lugar perfecto para asolearse. No se trata solo de cruzar la carretera para llegar al otro lado, muchas culebras se tienden estiradas en toda su longitud y por alguna razón nefasta normalmente atravesadas en las carreteras para tomar el sol sobre una superficie calentita, y se quedan allí inmóviles hasta que llega algún coche, moto o bicicleta y les pasa por encima.
El problema no tiene una solución sencilla, pero que la gente circulara con una velocidad moderada por carreteras secundarias propensas a los atropellos de ofidios, y esquivara, o si la situación y el tráfico lo permiten sin riesgo, pararan y apartaran a estos animales de la calzada, ayudaría a disminuir las bajas. Por desgracia la población en general no está sensibilizada con este problema, y en el caso de los ofidios, que no gozan precisamente de popularidad entre la mayoría de la gente, todavía menos. Además, resulta fácil ver a un gato o un conejo que cruza la carretera, pero las serpientes a veces no las ves hasta que ya no hay tiempo de frenar...
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